Fiestas de San Fernando de Maspalomas 2016, pregón

¿Dónde está Maspalomas exactamente, dónde empieza y dónde termina?

Fiestas de San Fernando de Maspalomas 2016, pregón
Fiestas de San Fernando de Maspalomas 2016, pregón

En los años cincuenta y mucho y sesenta y poco, Maspalomas era un pueblo con varios barrios. Empezaba en La Maleza y llegaba hasta ‘Casa Aurelito’. Entonces Las Burras era un pueblito de pescadores independientes. Así lo recordaron los cuatro pregoneros de las Fiestas de San Fernando de Maspalomas 2016.

Antes de que el boom turístico llegara a Maspalomas y convirtiera el suelo turístico en la marca Maspalomas Costa Canaria, la localidad de Maspalomas como tal empezaba en La Maleza (Plaza La Charca o Vuelta de Fabelo) y terminaba en la ‘Casa de Aurelito’, donde está el Estadio de fútbol, en la cuesta del Paraíso Maspalomas, donde la chiquillería le tiraba a los ciclistas palas de tunera para que se resbalaran. “Allí estaba el letrero que ponía Fin de Maspalomas”.

Con esa expedita afirmación y denotando algo de tristeza por la no preservación de la toponimia local que ya existía aquí antes de que surgiera el turismo, respondieron este jueves los cuatro pregoneros de las Fiestas de San Fernando de Maspalomas 2016 a la pregunta que ellos mismos habían formulado en alta voz (¿Dónde está Maspalomas exactamente, dónde empieza y dónde termina?), y vertebrar en torno a ella el discurso institucionalizado de inicio de los festejos.

Hipólito Pérez Franco (Polo), Antonio Cabrera Bolaños (Tito ‘El Pajarero’), Roberto Rivero Rodríguez (Roberto ‘el de La Disa’) y José Rodríguez Artiles (Pepe ‘El Chola’) articularon su pregón de unos 40 minutos sobre el escenario del Centro Cultural, a la siniestra de las banderas institucionales y debajo de una pantalla con imágenes antiguas. Escenificaron a cuatro amigos, amigos desde la infancia, que en un momento deciden parar la partida de zanga que están jugando para tertuliar sobre “lo que era Maspalomas y lo que ahora es”.

Cada uno de un barrio distinto. Roberto memorizó la geografía. Además de Maspalomas, estaban “El Lomo, en la parte alta; Buenavista, porque no se llamaba Bellavista como ahora, que era donde vivía la partera Leonorita; más abajo estaba La Presa y El Barranquillo; más abajo Las Casillas, donde ahora está La Disa; enfrente, donde está el Hotel Waikiki, estaba la escuela mixta; más arriba estaba el cafetín de madera de Los Artiles; y la calle principal de Maspalomas, que era de tierra, desde el cruce donde estaba la panadería y el cine, hasta el cruce de la Viuda de Franco, donde se encontraba el Cafetín de Antonio y La Fonda, y subiendo estaba El Correo y la tienda de Los Monzones, y al lado la tienda de Los Rivero (padre del pregonero y casa de su abuela) donde estaba el único teléfono, y donde se empezó con el comercio de las bombonas de gas y la venta de gasolina en toda la zona en el año 1958. Y luego estaban los diseminados de cuarterías”, dijo.

Las Burras

Pepe ‘El Chola’ recordó que entonces Las Burras era un pueblito marinero “independiente”, construido de piedra y barro, y con una tienda en mitad del barrio, e incluso un campo de fútbol propio, “mientras que en San Fernando cada año había un campo diferente cada vez que el Conde quería urbanizar”. La vecindad de Las Burras contaba con agua potable del chorro de La Maleza plantada, los dos estanques, y la marea. “Las Burras, donde todo el mundo tenía dichete, fue un pueblo hasta que el boom turístico llegó y se empezó a fabricarse en la zona el Beverly Park, Los Arpones, Las Nasas y pasaron a los vecinos a la parte baja del paseo, a unas cuarterías de bloque con techos de uralita. Entonces mucha gente se fue a vivir a Telde, de donde procedían, y a partir de entonces nada fue igual”, recuerda José Rodríguez.

La propiedad

Entonces la propiedad era escasa o inexistente. Polo recordó que en Maspalomas “no había entonces más que plátanos, tomates, pastores, 14 o 15 negocios entre tiendas y bares, y marinos, que no barqueros, mote que usaban los vecinos del pueblo para fastidiar a los de Las Burras. Los marinos “eran los únicos que contaban con propiedades (aparejos y enseres como las redes, los barcos…) mientras que los vecinos del pueblo no éramos propietarios siquiera de los sachos, que eran del conde. La gente del pueblo se iba por las tardes a la playa a elevar el chinchorro de los marinos de Las Burras y luego se llevaban una bolsita de pescado. No éramos propietarios de nada. Lo único que teníamos era la felicidad y la unión de las familias”, dijo Polo.

Recordaron que en el entorno de la Ermita y la Casa Condal se encontraba el mentidero del pueblo, porque era también el lugar donde las madres se sentaban los sábados y los domingos cuando las parejas salían a mocear. Y confesaron que fueron niños de poca infancia. Aparte de que tenían poco para jugar, su niñez se les fue en cuidar cabras, atender los tomateros o virar las tornas para el riego. Entre las anécdotas que contaron destacaron las vivencias de Polo como monaguillo, o el hecho de que fuera el mismo el primer chiquillo que en unas fiestas del pueblo se llevara un tortazo que aún resuena por parte del policía local más chiquitito que ha tenido el Cuerpo de la Policía Local en toda su historia.

Fiesta y tiradas de soga

En memoria de las fiestas de San Fernando recordaron a Antoñito Pérez y Alfredito como sus primeros impulsores. Entonces las calles eran de tierra y para los festejos se cubrían de picón. Las entradas y las calles se adornaban con banderas y arcos de palmeras, y como no existían los chiringos ni la feria, los vecinos montaban bares con cajas de tomates en sus propias casas. El de Carmen Gil fue uno de los más famosos. Eran fiestas hogareñas, en las que los niños que hacían la Primera Comunión desfilaban con la OJE o el Ejército delante de la procesión.

Eran fiestas donde se hacían carreras de tiradas de cinta en bicicletas, y estaban las peleas de perro que organizaba Modestito, las peleas de gallos que hacía Salvadorito, las tiradas al plato, y las grandes tiradas de soga donde se empleaban los rudos de Maspalomas y El Tablero. “Eran de una rivalidad tremenda, que duraba un año. Los de Maspalomas, que éramos menos fuertes, nos ayudábamos en la mitad de 5 o 6 pescadores de Las Burras que estaban acostumbrados a tirar diariamente de la soga”, recordó Roberto Rivero. De esa pugna festiva se mantiene la tirada de soga entre solteras y casadas que se celebra en el Poblado durante la noche de Masparranda. El padre y el hermano de El Chola venían desde Las Burras para participar en las tiradas. El codiciado trofeo era una caja entera de ron.

En sus memorias, los pregoneros también tuvieron palabras especiales de recuerdo para Ricardo Fabelo, Chano Ravelo (que mereció un enorme aplauso colectivo del público) y Pedro Franco, como vecinos emprendedores y referentes que participaron activamente en la vida de un pueblo que vivió el tránsito de ver el cambio que supuso dejar de ir a buscar el agua a la fuente porque empezó a salir directamente del grifo.

Los recados

Además de un pregón entrañable donde afloraron recuerdos que refrescaron la memoria y se hicieron incursiones en la historia reciente de San Fernando, también fue un pregón donde se lanzaron algunos recados, como hacer un homenaje a los mayores que hicieron el tránsito histórico del pueblo, el arreglo de la plaza del Poblado y la recuperación de su pórtico de entrada. “Era precioso. Era donde aparcaba el coche de hora Periquito Cerpa, de Arguineguín, que pasaba dos veces al día. El pórtico era de escalinatas y contaba con dos rellanos, y tenía un cartel donde ponía Poblado de San Fernando de Maspalomas, junio de 1961, hecho con letras de mármol negro”, recordó Polo.

Antes de declarar abierta la fiesta, el alcalde Marco Aurelio Pérez refrescó que la Plaza del Poblado viejo, donde se tiró la iglesia, contaba con un proyecto del Ayuntamiento, y que la obra adjudicada fue paralizada por los Señores del Castillo como propietarios de aquel suelo que habían donado para iglesia. “Tal vez ahora sea el momento, ahora que estamos al inicio de las fiestas, de ponernos como objetivo pedirles a los señores del Castillo que cedan ese suelo a este municipio donde tanto hemos aportado y donde tanto han recibido ellos, y poder acometer esa obra que tan merecida tiene el poblado de San Fernando”, dijo el alcalde invitando a la participación festiva.

Fuente: Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana

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