¿Por qué crece la extrema derecha? El malestar de quienes trabajan y no llegan a fin de mes

  • Yair Rodríguez Pérez analiza cómo la distancia entre el esfuerzo y las posibilidades de progresar puede alimentar la desconfianza política y favorecer los discursos de agravio.
  • La vivienda, los salarios y el diseño de las ayudas centran una reflexión que reclama proteger a las familias y facilitar su autonomía económica.

Trabajar, pagar los gastos y cumplir con las obligaciones no siempre permite ahorrar, emanciparse o afrontar un imprevisto. Esa distancia entre lo que se espera del esfuerzo y lo que realmente se consigue es el punto de partida de «Cuando cumplir las reglas deja de servir para vivir con libertad», un artículo de Yair Rodríguez Pérez publicado en el Canarias 7, graduado en Filosofía y especializado en Comunicación Política, que plantea una posible vía para comprender el atractivo de la extrema derecha: el malestar de quienes sienten que hacen lo que se les pide, pero no consiguen avanzar.

El autor sostiene que esa frustración puede debilitar la confianza en las instituciones y facilitar la aceptación de mensajes que presentan al ciudadano como perjudicado por un sistema que beneficia a otros. Su reflexión no atribuye el voto a una causa única ni aporta una medición electoral específica para Canarias. Sitúa el foco en cómo las dificultades materiales pueden convertirse en un sentimiento de abandono político.

¿Cómo puede convertirse la frustración económica en apoyo político?

El argumento central del artículo es que una persona que trabaja y percibe un deterioro de sus condiciones de vida puede mostrarse receptiva a quienes le aseguran que el sistema ayuda a todos menos a ella.

Según Rodríguez Pérez, la extrema derecha puede aprovechar ese sentimiento y dirigirlo contra inmigrantes, perceptores de ayudas u otros colectivos presentados como responsables del problema. El autor advierte, sin embargo, de que «reducir su atractivo a una sola causa sería un error; despreciar esa frustración también lo es».

Esta interpretación describe un posible mecanismo político, no una consecuencia inevitable de tener dificultades económicas. El texto no demuestra que la precariedad conduzca por sí sola a una opción electoral determinada.

Trabajar y seguir sin margen para vivir

Para ilustrar esa presión, el artículo propone un ejemplo hipotético: una madre con dos hijos que cobra 1.300 euros mensuales y paga 800 de alquiler. Le quedarían 500 euros para alimentación, suministros, transporte y los demás gastos familiares.

El supuesto permite explicar la situación de quienes pueden superar el límite de acceso a determinadas ayudas sin disponer de ingresos suficientes para vivir con tranquilidad. No representa un caso documentado ni implica que ese sueldo excluya automáticamente de cualquier prestación, cuyos requisitos dependen de cada programa y de las circunstancias del hogar.

La presión sobre los hogares de ingresos medios cuenta con antecedentes documentados. En su informe de 2019 Under Pressure: The Squeezed Middle Class, la OCDE señaló que el coste de bienes y servicios esenciales, especialmente la vivienda, había crecido más deprisa que los ingresos en numerosos países de la organización.

¿Qué ocurre cuando ganar más supone perder una ayuda?

Otra de las cuestiones abordadas es el denominado precipicio de prestaciones: una pérdida brusca de apoyo económico al superar un umbral de ingresos.

Rodríguez Pérez utiliza un segundo supuesto para explicarlo. Si alguien obtiene una mejora salarial de 150 euros netos al mes, pero pierde una ayuda de 300 euros, termina disponiendo de 150 euros menos. El ejemplo no corresponde a una prestación concreta; sirve para mostrar un problema que puede aparecer cuando las reglas de acceso no permiten una retirada gradual de la ayuda.

El diseño de los incentivos laborales ha sido objeto de evaluación en España. En julio de 2025, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal propuso reformular el incentivo al empleo del ingreso mínimo vital. También reclamó mejorar el acceso a la prestación y definir con mayor precisión sus objetivos.

El planteamiento del autor es que una mejora en el trabajo debería traducirse en una mejora efectiva de los recursos disponibles. Su crítica se dirige al diseño de las prestaciones y convive con una defensa expresa de su necesidad.

Las familias que sostienen a dos generaciones

El artículo también aborda la situación de quienes cuidan a sus padres y continúan ayudando económicamente a sus hijos. Esta realidad, conocida como generación sándwich, aparece en el texto como ejemplo de la carga que asumen las familias cuando los ingresos y los servicios de cuidados no cubren todas las necesidades.

A esa presión se añade la falta de ahorro. El autor señala que un hogar sin reservas tiene menos capacidad para afrontar una avería, financiar estudios o permitir que un hijo se forme sin trabajar al mismo tiempo.

Desde esa perspectiva, la desigualdad de oportunidades puede prolongarse entre generaciones. El esfuerzo personal forma parte de la explicación, pero también cuentan los recursos de partida y las posibilidades de acceder a educación, vivienda y estabilidad.

Vivienda y pequeños negocios: dos frentes del mismo debate

Rodríguez Pérez plantea que las ayudas al alquiler deben acompañarse de vivienda asequible, rehabilitación y medidas que permitan ampliar la oferta. Su argumento es que aliviar un gasto inmediato debe formar parte de una respuesta que también atienda a la disponibilidad de viviendas.

El texto incorpora, además, la situación de autónomos y pequeñas empresas. Una peluquería, un taller o un negocio de barrio pueden tener dificultades para asumir costes, mientras sus trabajadores necesitan mejores salarios para sostener sus hogares.

El autor reclama atender a la productividad, los márgenes y las características de cada actividad. «La política debe dar respuestas a los dos», sostiene al referirse a trabajadores y pequeños empresarios, cuyo enfrentamiento considera insuficiente para resolver esas dificultades.

Una exigencia a la política social: proteger y permitir avanzar

La reflexión interpela especialmente a la izquierda y a la socialdemocracia, a las que el autor exige convertir sus objetivos de igualdad y emancipación en oportunidades concretas.

Su propuesta es evaluar las políticas sociales tanto por la protección que ofrecen como por su capacidad para facilitar autonomía: poder ahorrar, acceder a una vivienda, formarse o emprender. Esa evaluación debe considerar también las necesidades de quienes seguirán requiriendo apoyo.

El artículo concluye con una defensa de las ayudas públicas vinculada a la recuperación de expectativas de progreso: «La política social no puede conformarse con hacer soportable la pobreza. Tiene que conseguir que salir de ella vuelva a ser posible». Para Rodríguez Pérez, reconstruir la confianza exige que cumplir con las obligaciones vuelva a ofrecer posibilidades reales de vivir mejor.

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