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Sara Bosch, restauradora

La vida y la muerte encapsuladas en una casa prehispánica de no más de 4 metros cuadrados

Muchos especialistas habían dado por sentado que la reserva arqueológica del enclave de La Fortaleza estaba agotada, y que el amplio espacio que integran los tres roques localizados en la impresionante Caldera de Tirajana no depararía más sorpresas que las ya avanzadas en las investigaciones y prospecciones arqueológicas realizadas en las últimas décadas. Se equivocaron.

Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en 2017 y 2018 en el citado yacimiento que los entendidos asocian a uno de los dos grandes templos de los aborígenes de Gran Canaria -Humiaya- y que fueron financiados por el Cabildo de Gran Canaria, han proporcionado unos resultados más espectaculares que los inicialmente previstos. No parecen por tanto cesar las expectativas alrededor de este poblado que estuvo habitado hace ya unos 1400 años, es decir, desde el siglo VI d.C, sometido a un uso que se habría prolongado a lo largo de al menos veinte generaciones.

Cerámica excepcional

La empresa Tibicena Patrimonio y Arqueología ultima la fase de restauración de un lote compuesto por una quincena de recipientes cerámicos de diferentes formas y tamaño, recuperados en la citada campaña ejecutada hace dos años en el interior de una estructura circular que había sido sellada intencionadamente por los antiguos canarios, que ocuparon este lugar declarado Bien de Interés Cultural sometiéndolo a prácticas rituales en las que el fuego y los animales domésticos, y quizás el control del tiempo, desempeñaron un especial protagonismo.

Según señala el arqueólogo Marco Moreno “este conjunto de cerámicas recuperado en una de las casas prehispánicas de la base de la Fortaleza Grande resulta excepcional en Gran Canaria, sobre todo porque nos muestra la vida y muerte concentrado en un espacio doméstico de no más de 4 metros cuadrados. Se considera casi una cápsula en el tiempo, capaz de mostrarnos una ventana al pasado”.

La restauradora Sara Bosch ha recompuesto meticulosamente tras su identificación el rico puzle de siete vasijas de barro que ahora descansan como un tesoro en la sede de Tibicena. Tras desalarlas, limpiarlas y retirarles las marcas de fuego, descubrió en sus centenarias superficies decoraciones que habían permanecido ocultas. “Las piezas que presentaban mejores condiciones fueron reconstruidas siguiendo los criterios habituales en restauración arqueológica, optándose por reintegraciones puntuales en aquellos casos que lo necesitaron”, explica Bosch.

De estas 15 piezas se puede aventurar la forma de siete, de las que tres, lucen casi enteras (más de un 75 por ciento de su estructura). “Una de las más significativas presenta una forma y una compleja decoración muy semejante a otra localizada en Agüimes, ya depositada en El Museo Canario, y que se interpreta como la representación de un eclipse”, añade.

600 años después

Gracias al estudio arqueológico hoy sabemos que en el suelo de este espacio en el que fueron localizados unos 196 fragmentos de cerámicas fue utilizado, por lo menos, desde principios del siglo XIII, para ser cerrado tras un siglo de uso. Es muy probable que su clausura estuviera relacionada con un incendio que afectó a esta construcción concreta, como así indicaría que las cerámicas aparecieran rotas y totalmente quemadas, con resto de cenizas adheridas tanto en su interior y exterior.

Una vez extinguido, este espacio fue abandonado, volviéndose a ocupar de nuevo por los primeros pobladores de la Isla pasado cierto tiempo. Su nuevo uso supuso la clausura del recinto en el que se encontraban las cerámicas hasta que fueran nuevamente redescubiertas, 600 años después, en el curso de los trabajos arqueológicos financiados con 63.000 euros por el Cabildo grancanario.

¿Y el origen del fuego? Como subraya Marco Moreno no existen suficientes indicios, por el momento, para conocer su naturaleza y a cuántas de las viviendas situadas al pie de la Fortaleza Grande afectó. En el caso de que hubieran sido varias, y dada las cronologías disponibles, podría asociarse con el incendio provocado por el hidalgo y conquistador castellano Pedro de Vera en torno a 1479, época en la que sus sanguinarias tropas quemaron en Tirajana lo que identificaron como un santuario indígena.

De cualquier manera, lo que parece meridianamente indiscutible es que los últimos hallazgos cerámicos en La Fortaleza nos aproximan más al estudio del ajuar doméstico empleado por las primitivas poblaciones aborígenes de Gran Canaria. Hasta el momento se han identificado más de una quincena de edificaciones prehispánicas en La Fortaleza.

Hay que recordar que La Fortaleza se articula como el mayor y más variado conjunto patrimonial de la isla, ya que reúne en un mismo espacio grabados rupestres, cuevas pintadas, túmulos funerarios, cuevas de habitación, recintos vinculados a la posible observación astronómica y silos de almacenamiento, entre otras manifestaciones, todo ello complementado con el recurso de un centro de interpretación que plantea al visitante un discurso museográfico global sobre el poblado y la vida de los antiguos habitantes del mencionado enclave, uno de los lugares arqueológicos con mayor proyección futura de la isla.

El lote de piezas restaurado con la financiación de 9.000 euros por parte de la Consejería de Cultura del Cabildo, permitirá que este singular conjunto cerámico pueda ser expuesto en el Centro-Museo de la Fortaleza de Santa Lucía de Tirajana a finales del año 2020. Tras su exhibición quedará custodiado en el fondo de El Museo Canario.

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