Onalia Bueno se expande y abre un nuevo frente político en Gran Canaria

- La expansión de su marca hacia San Bartolomé de Tirajana y Santa Lucía reordena el tablero del sur de la isla
- Su distancia con Primero Canarias y Coalición Canaria confirma que quiere jugar con voz propia en 2027
La entrevista de Onalia Bueno en Radio Faro dejó una idea por encima de todas las demás. Su proyecto político ya no quiere quedarse solo en Mogán. La alcaldesa confirmó que volverá a presentarse en su municipio, pero además anunció que su marca dará el salto a San Bartolomé de Tirajana, Santa Lucía de Tirajana, Las Palmas de Gran Canaria y otros puntos de la isla. Onalia Bueno ya no habla solo como alcaldesa de Mogán, habla como una dirigente que quiere abrir espacio propio en la política insular y que considera que su modelo de gestión puede proyectarse más allá de su municipio ¿podría llegar su proyecto a todo el archipiélago?
Ese movimiento tiene varias lecturas. La primera es evidente, Onalia quiere crecer. La segunda es más importante. Quiere hacerlo sin depender de nadie. En la entrevista fue clara al marcar distancias con Primero Canarias y Coalición Canaria, dos espacios con los que en otro momento pudo parecer más cercana. Ahora el mensaje es distinto. No se siente identificada con ese camino y deja claro que no piensa poner su proyecto al servicio de marcas que, a su juicio, han perdido fuerza o no han sabido construir una alternativa convincente en Gran Canaria. Ahí está una de las claves de fondo. Onalia Bueno no quiere ser una pieza dentro de otro tablero. Quiere ser quien coloque sus propias piezas.
Eso no significa que se cierre puertas, más bien al contrario. Si algo dejó ver la entrevista es que su forma de entender la política pasa por el pragmatismo. Mantiene buenas relaciones con el Partido Popular, no se cierra al PSOE y llegó incluso a valorar positivamente la figura de Juan Jesús Facundo en Arucas, a quien situó como posible referente insular. Ese detalle no es inocente. En un escenario de pactos complejos y de desgaste de los partidos tradicionales, Bueno parece estar mandando un mensaje a toda la isla. Su proyecto puede competir por su cuenta, pero también puede convertirse en un actor decisivo para inclinar mayorías. Y ahí es donde su expansión hacia municipios como San Bartolomé de Tirajana o Santa Lucía cobra una dimensión mucho más estratégica.
Porque la pregunta ya no es solo cuántos votos puede sacar Onalia Bueno fuera de Mogán. La pregunta real es qué papel quiere jugar después. Y la respuesta, al menos por ahora, apunta a una figura con ambición medida pero con cálculo político. Ella misma lo dijo en la entrevista. «Piensa con luz larga». No solo en 2027, también en lo que venga después. Eso abre una hipótesis que en el sur de Gran Canaria nadie debería despreciar. Si su marca logra entrar con fuerza en varios ayuntamientos y hacerse necesaria en el Cabildo, podría convertirse en una llave útil para aislar a su gran adversario político, Nueva Canarias, y al mismo tiempo condicionar las jugadas de Coalición Canaria y Primero Canarias.
Ahora bien, una cosa es abrir expectativa y otra consolidar un proyecto insular. Mogán es su fortaleza, su escaparate y su prueba de gestión. Pero crecer fuera obliga a demostrar que la marca puede sostenerse en realidades distintas, con equipos nuevos, candidatos solventes y un discurso que no dependa solo del liderazgo personal de la alcaldesa. Ese es el reto de verdad. Porque si la apuesta sale bien, Onalia Bueno puede convertirse en una de las figuras más influyentes de la política grancanaria en el próximo ciclo electoral. Y si no sale bien, su expansión podría quedarse en una operación de ruido y boicot hacia otras marcas.
En cualquier caso, la entrevista dejó algo claro. Onalia Bueno ya ha empezado a mover ficha. Lo hace hablando bien de su gestión, reivindicando su autonomía política y dejando claro que no va a esperar a que otros le diseñen el futuro. En un momento en que buena parte del electorado mira con cansancio a los partidos de siempre, su propuesta intenta ocupar un espacio reconocible entre la cercanía municipal, la eficacia de gestión y la libertad para pactar. Queda por ver si ese espacio crece lo suficiente. Pero la partida, desde luego, ya ha comenzado.


