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¿Una zona deportiva pública o un salón de celebraciones?

  • De instalaciones deportivas a ludotecas: cumpleaños, baby showers y comuniones como nueva normalidad
  • Un estadio inutilizado y eventos que se van: cuando la falta de gestión marca el rumbo

Hay imágenes que no necesitan demasiada explicación. Este fin de semana, una instalación deportiva pública en El Tablero acogía un baby shower, con eso basta para abrir una reflexión que va mucho más allá de una celebración concreta. No se trata del evento, se trata de la supuesta “gestión” que hay detrás.

Es cierto que el uso de espacios públicos para actividades privadas puede autorizarse. Existe esa posibilidad y forma parte de la gestión municipal. Pero precisamente por eso, porque se puede hacer, es cuando más necesario resulta preguntarse si se está haciendo bien. Si hay control, si hay criterios claros, si hay igualdad en el acceso y, sobre todo, si se está respetando la finalidad de cada espacio. Porque para celebraciones familiares ya existen zonas recreativas, parques y espacios diseñados para ese tipo de encuentros. No instalaciones deportivas.

Y aquí es donde el debate deja de ser anecdótico. Porque lo que estamos viendo no es un caso aislado, sino una señal más de hacia dónde se está llevando la gestión del deporte en el municipio. Instalaciones que deberían estar al servicio del deporte base, de clubes, de jóvenes y de la ciudadanía, se utilizan para celebraciones privadas que nada tienen que ver con su función.

Se podría decir, con cierta ironía, que la nueva política deportiva ya está definida. Ya no hace falta pensar en organizar pruebas de resistencia, eventos de crossfit, encuentros de salud o jornadas de nutrición. Ahora la invitación es otra. Ven a nuestras instalaciones deportivas a celebrar tu cumpleaños, tu baby shower, tu comunión o tu bautizo. Espacios que deberían fomentar el deporte convertidos en lugares de ocio familiar. Deporte convertido en decorado.

Por otra parte, la realidad del deporte base cuenta otra historia. El conflicto en torno al uso del campo Eleuterio Valerón ha reabierto el debate sobre los criterios de uso de las instalaciones. Clubes como el C.D. Tablero han tenido que reorganizar entrenamientos, partidos y su actividad diaria para adaptarse a decisiones que afectan directamente a su funcionamiento. Familias, entrenadores y jugadores ajustando horarios y rutinas para poder seguir compitiendo. Esa es la otra cara de la gestión. Es decir, mientras unos pocos disfrutan de las instalaciones públicas para usos ajenos al deporte, familias trabajadoras se ven obligadas a encajar como pueden su día a día por la falta de planificación y de criterio en la gestión deportiva municipal.

No es solo una cuestión de espacios. Es una cuestión de prioridades. Porque cuando el deporte base tiene dificultades para desarrollar su actividad con normalidad y, al mismo tiempo, se permite el uso de instalaciones para celebraciones privadas, el mensaje que se lanza es claro. Aquí gobernamos para nuestros amigos y no para el pueblo.

Y todo esto ocurre en un contexto aún más preocupante. El Estadio Municipal de Maspalomas, que hace no tanto acogía equipos internacionales, torneos de relevancia y actividad deportiva constante, se encuentra hoy prácticamente inutilizado. Una infraestructura estratégica que ha pasado de ser un activo para convertirse en un problema. Sin rumbo, sin avances y con un futuro cada vez más incierto.

A eso se suma la pérdida de eventos de referencia como LaLiga FC Futures, un torneo con impacto económico y proyección internacional que ha abandonado el municipio. No es casualidad. Es consecuencia directa de una forma de gestionar que no prioriza el deporte como motor de desarrollo.

El resultado es evidente. Mientras se pierden oportunidades, mientras se deterioran infraestructuras y mientras los clubes intentan sostener su actividad como pueden, aparecen decisiones que refuerzan la sensación de que no existe un modelo claro, que no hay planificación.

Aquí es donde la responsabilidad política es ineludible. El concejal de Deportes, Ramón Suárez, tiene la obligación de ordenar, planificar y proteger el uso de las instalaciones municipales. Y el alcalde, Marco Aurelio Pérez, debe definir el rumbo del municipio y asumir las consecuencias de las decisiones que se toman bajo su gobierno. Porque esto no va de autorizar un evento puntual. Va de decidir qué se hace con lo público.

Al final, el debate no es si se puede celebrar un baby shower en una instalación deportiva. El debate es por qué se está permitiendo que eso parezca normal ¿Por qué no genera preguntas?

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