La ONU alerta de un calentamiento de 2,8 grados con las políticas actuales

- Las concentraciones de CO₂, metano y óxido nitroso alcanzaron máximos históricos en 2025, mientras el ritmo de aumento del dióxido de carbono se ha triplicado desde los años sesenta.
- El PNUMA sitúa el calentamiento global en 2,8 grados este siglo si se mantienen las políticas actuales y reclama recortes de emisiones que superan los compromisos nacionales.
Las concentraciones de los principales gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera alcanzaron nuevos máximos históricos en 2025, según el boletín publicado este martes, 27 de octubre de 2026, por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en Ginebra. El organismo advierte de que esta acumulación retiene más calor y favorece un aumento de la temperatura a largo plazo, con consecuencias que, en el caso del dióxido de carbono, pueden prolongarse durante décadas e incluso siglos.
La concentración media mundial de CO₂ en superficie llegó a 426,8 partes por millón (ppm). El metano y el óxido nitroso, otros dos gases de efecto invernadero de larga duración vinculados a la actividad humana, también registraron valores sin precedentes. La OMM atribuye especial importancia a estas mediciones porque permiten conocer cuánto gas permanece acumulado en la atmósfera y cómo evoluciona su influencia sobre el clima.
La secretaria general adjunta de la organización, Ko Barrett, señala que los últimos once años han sido los once más cálidos desde que existen registros y advierte de que se prevé que esa tendencia continúe. Según explica, la mayor retención de calor intensifica los fenómenos meteorológicos extremos y agrava los riesgos para las economías y las sociedades.
El CO₂ aumenta tres veces más rápido que en los años sesenta
El boletín distingue entre emisiones y concentraciones. Las primeras son las cantidades de gases que se liberan durante un periodo determinado; las segundas reflejan lo que se acumula en la atmósfera. Aproximadamente la mitad del CO₂ emitido cada año permanece en ella, mientras que los ecosistemas terrestres y los océanos absorben el resto.
Cuando se publicó la primera edición del boletín, en 2004, la concentración media anual de CO₂ medida por la red de la OMM era de 377,5 ppm. El análisis de su evolución hasta 2025 utiliza observaciones de 179 estaciones.
El ritmo medio anual de aumento ha pasado de 0,8 ppm en la década de 1960 a 2,4 ppm entre 2011 y 2020. Entre 2024 y 2025, el incremento fue de 2,8 ppm, por encima de esa media decenal, aunque inferior al ascenso excepcional registrado entre 2023 y 2024.
El índice anual de gases de efecto invernadero de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) muestra, además, que el efecto de calentamiento provocado por los gases de larga duración aumentó un 56 % entre 1990 y 2025. El CO₂ fue responsable de aproximadamente el 81 % de ese incremento.
Los bosques y los océanos, bajo presión para absorber carbono
La funcionaria científica superior de la OMM, Oksana Tarasova, vincula la moderación del aumento del CO₂ en 2025 con la recuperación de los sumideros terrestres —los ecosistemas que absorben carbono— y con la reducción de las emisiones procedentes de incendios.
El intenso episodio de El Niño de 2023 y 2024 favoreció las sequías, la desecación de la vegetación y los incendios forestales, lo que redujo la capacidad de la biosfera para absorber carbono. No obstante, Tarasova subraya que un incremento anual de 2,8 ppm sigue suponiendo una aportación considerable de carbono a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles.
La científica prevé otro aumento de las concentraciones en 2026 por esas emisiones y por un intenso episodio de El Niño que afectaría a los sumideros terrestres. También advierte de que el cambio climático incrementa los riesgos de una menor absorción de CO₂ por los océanos.
Metano y óxido nitroso también alcanzan máximos históricos
La concentración media mundial de metano llegó a 1.948 partes por mil millones en 2025. Este gas genera aproximadamente el 16 % del efecto de calentamiento atribuido a los gases de efecto invernadero de larga duración, aunque permanece en la atmósfera menos tiempo que el CO₂.
Alrededor del 35 % de las emisiones de metano procede de fuentes naturales sensibles al clima, como los humedales. El 65 % restante está relacionado con actividades humanas, entre ellas la ganadería de rumiantes, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles, los vertederos y la quema de biomasa.
Por su parte, la concentración de óxido nitroso alcanzó 339,1 partes por mil millones. Este gas procede tanto de fuentes naturales como de actividades humanas, entre las que figuran el uso de fertilizantes, la quema de biomasa y distintos procesos industriales.
Las políticas actuales apuntan a un calentamiento de 2,8 grados
El récord registrado por la OMM se suma a las advertencias del Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Según este documento, mantener las políticas actuales conduciría a un calentamiento global de 2,8 grados respecto a los niveles preindustriales durante este siglo, con aumentos posteriores.
Incluso si los países cumplieran íntegramente sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, conocidas como NDC, el incremento previsto sería de 2,6 grados. Estos compromisos recogen las previsiones de emisiones y las medidas que cada Estado plantea para reducirlas.
El PNUMA advierte de que el planeta podría superar el umbral de 1,5 grados en los próximos años. En el escenario de menor rebasamiento analizado, la temperatura alcanzaría un máximo de entre 1,7 y 1,8 grados hacia mediados de siglo, antes de descender por debajo de 1,5 grados en 2100.
El secretario general de la ONU, António Guterres, sostiene que superar temporalmente ese límite no implica abandonar el objetivo del Acuerdo de París. La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, recuerda que cada fracción de grado y cada año adicional por encima del umbral elevan los riesgos de inundaciones, olas de calor e incendios.
Reducir las emisiones un 69 % para 2040: la distancia entre objetivos y compromisos
Para seguir el escenario de menor calentamiento, el PNUMA calcula que las emisiones mundiales deberían disminuir un 18 % en 2030, un 45 % en 2035 y un 69 % en 2040, respecto a los niveles de 2025.
El cumplimiento íntegro de los compromisos nacionales permitiría, en cambio, una reducción del 5,8 % en 2030 y de entre el 11 % y el 15 % en 2035. La agencia atribuye el empeoramiento de sus proyecciones a la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y a la revisión de las estimaciones de emisiones históricas. También señala que las nuevas contribuciones presentadas desde el informe de 2025 apenas han modificado las previsiones.
Además de recortar emisiones, el escenario de menor calentamiento requeriría retirar y almacenar permanentemente 320 gigatoneladas de CO₂ durante este siglo, una cantidad equivalente a unas ocho veces las emisiones mundiales de 2024. El organismo reconoce que las dificultades tecnológicas y socioeconómicas hacen incierto alcanzar ese volumen.
La transición energética exige vigilar otros gases
La OMM también llama la atención sobre el hexafluoruro de azufre (SF₆), utilizado principalmente para evitar chispas en los sistemas de distribución eléctrica. Su concentración ha crecido de forma continuada durante los últimos treinta años, paralelamente a la electrificación, y su aumento en 2025 no tuvo precedentes.
Este gas permanece en la atmósfera más de mil años y tiene un potencial de calentamiento global a cien años aproximadamente 24.300 veces superior al del CO₂. Su persistencia plantea un desafío asociado a determinados procesos industriales.
Otro foco de vigilancia es el hidrógeno molecular, cuya concentración aumentó un 5,3 % entre 2010 y 2024. Aunque no es un gas de efecto invernadero, modifica la química atmosférica y ejerce un efecto indirecto sobre el calentamiento.
El hidrógeno se utiliza como vector energético y para almacenar energía en sectores como la siderurgia, el transporte marítimo y el aprovechamiento de renovables. Sin embargo, las fugas en instalaciones, tuberías, depósitos y pilas de combustible preocupan por sus efectos climáticos. La OMM coordina las observaciones de ambos gases mediante su programa de Vigilancia de la Atmósfera Global, con criterios de medición que permiten comparar datos de distintos países.
Las renovables y las políticas climáticas ofrecen resultados
El PNUMA considera insuficientes los avances en la mayoría de los ámbitos examinados dentro del primer Balance Global del Acuerdo de París, desarrollado entre 2021 y 2023. Entre los problemas figuran los combustibles fósiles, la deforestación y las emisiones de los sistemas energéticos, del transporte por carretera y de gases como el metano.
No obstante, el organismo destaca experiencias que demuestran que las emisiones pueden reducirse. Su informe revisa más de 220 análisis de políticas públicas, incluidas medidas del sector eléctrico e instrumentos económicos como los impuestos al carbono.
También subraya que, desde la aprobación del Acuerdo de París, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable ha crecido a un ritmo tres veces superior al previsto inicialmente. Estos resultados respaldan su llamamiento a acelerar las decisiones que permitan reducciones profundas y sostenidas.
El boletín de la OMM aportará información científica a los negociadores de la COP31, prevista del 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía. La conferencia tiene como objetivo convertir los compromisos climáticos en medidas concretas.


