El 29N pone a prueba al nacionalismo canario

- El adelanto electoral pone a prueba el proyecto de confluencia nacionalista. La posibilidad de ampliar su representación existe, pero exige distinguir entre sumar siglas, sumar votos y conseguir influencia.
Hay personas que nacen en tierras que les enseñan a vivir mirando al horizonte. En Canarias, esa imagen forma parte de nuestra relación con el mundo, vivimos lejos de muchos centros de decisión, pero sus decisiones atraviesan nuestra vida cotidiana. Se notan en las oportunidades de trabajo y en las condiciones en las que una familia intenta construir su futuro.
Pedro Sánchez ha anunciado elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. El adelanto abre una discusión sobre quién gobernará España, pero también otra sobre qué representación tendrán las islas y qué podrán conseguir sus diputados en la próxima legislatura.
En ese escenario aparece una pregunta: ¿puede el espacio nacionalista pasar de uno a tres diputados? La respuesta exige algo más que entusiasmo. Matemáticamente es posible. Políticamente, no está garantizado. Y para la ciudadanía, lo relevante será conocer qué compromisos acompañan a esa aspiración.
¿Por qué se quedó sin representación en Las Palmas?
Para entenderlo conviene empezar por una explicación sencilla. En las elecciones al Congreso, Canarias no funciona como una única bolsa de votos. Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife reparten sus escaños por separado. Un voto emitido en Gran Canaria no ayuda a conseguir un diputado por la provincia occidental, ni ocurre lo contrario.
En 2023 se eligieron ocho diputados por Las Palmas y siete por Santa Cruz de Tenerife. Para noviembre, el reparto que debe tomarse como definitivo será el del decreto de convocatoria. Por tanto, el posible aumento a dieciséis representantes no debe darse por cerrado antes de comprobar ese documento. Si cambia el número de escaños, también cambian las cuentas.
La fotografía de 2023 muestra dos situaciones distintas. En Santa Cruz de Tenerife, Coalición Canaria consiguió 81.391 votos y un diputado. En Las Palmas, CC obtuvo 33.327 votos y Nueva Canarias, 42.422. Ninguna de las dos logró representación por esa provincia.
Si se agrupan estos dos últimos resultados en una candidatura imaginaria, aparecen 75.749 votos. Manteniendo intactos los votos de los demás partidos, esa lista habría conseguido un escaño por Las Palmas.
Además, aquella suma corresponde a CC y Nueva Canarias en 2023. No puede trasladarse sin más a una eventual alianza entre CC y Primero Canarias. Los electores no pertenecen a las organizaciones y una reorganización de partidos no implica un traslado automático de apoyos.
Ese es uno de los límites de cualquier análisis que presente la unidad como una garantía electoral. Una candidatura conjunta puede modificar el reparto, pero su resultado depende de decisiones individuales que todavía no se han producido.
¿De dónde saldrían los tres diputados?
Un resultado de tres escaños podría componerse de dos por Santa Cruz de Tenerife y uno por Las Palmas, o del reparto inverso. No exige necesariamente que una candidatura nacionalista supere al PP o al PSOE y se convierta en segunda fuerza.
La explicación está en el sistema D’Hondt. Para distribuir los escaños, los votos de cada candidatura se dividen entre uno, dos, tres y así sucesivamente. Los diputados se asignan a los resultados más altos de esas divisiones. Por eso, una tercera fuerza puede obtener dos representantes.
Pero no existe un porcentaje universal que garantice ese segundo diputado. Cambia según los votos de las otras listas y el número de escaños que se reparten. Una subida de Vox, una caída del PSOE, un avance del PP o una división de las candidaturas de izquierda pueden alterar el último puesto.
Por eso, hablar de tres diputados como posibilidad es razonable; presentarlos como una consecuencia inevitable de una alianza sería adelantarse a las urnas. Sin encuestas provinciales solventes y sin conocer las candidaturas definitivas, no hay base para asignar una probabilidad rigurosa a ese resultado.
El adelanto electoral también cambia el tiempo disponible para concretar cualquier confluencia. La pregunta sobre si el proyecto llega a contrapié debe responderse observando su grado de preparación: qué acuerdos existen, qué diferencias siguen abiertas y qué propuesta común puede conocer la ciudadanía. La cercanía entre dirigentes, por sí sola, no resuelve esas cuestiones.
Desde una perspectiva ciudadana, una alianza merece ser examinada por su contenido. Qué propone, cómo resolverá sus discrepancias y qué compromisos está dispuesta a asumir públicamente. Esa exigencia debería aplicarse tanto a las formaciones nacionalistas como a los partidos de ámbito estatal.
Más representación ¿para conseguir qué?
Hay otra precisión necesaria, Canarias ya tiene más de un diputado. En 2023 eligió quince, pertenecientes a distintas fuerzas. Cuando se habla de alcanzar tres, se está hablando de representación nacionalista, no del conjunto de representantes de las islas.
Ninguna organización tiene la exclusividad de la identidad canaria. Todos los diputados elegidos en el archipiélago deben responder por su trabajo y por las decisiones que adopten.
También conviene distinguir entre tener más escaños y ser decisivo. Tres diputados pueden adquirir una gran capacidad negociadora en un Congreso ajustado, pero tener un margen mucho menor si existe una mayoría suficiente para gobernar sin ellos. La influencia depende de la aritmética parlamentaria y del uso que se haga de ella.
Por eso, el debate no debería agotarse en cuántos representantes obtiene cada sigla. Debería llegar hasta los compromisos verificables: qué medidas se proponen, qué administración debe ejecutarlas, con qué recursos y en qué plazo. Y después, qué resultados pueden acreditarse.
La vivienda, los servicios públicos, el transporte o las oportunidades laborales merecen explicaciones que permitan evaluar decisiones. Apelar a Madrid tampoco puede convertirse en una excusa para eludir las responsabilidades del Gobierno de Canarias, los cabildos y los ayuntamientos.
El 29 de noviembre pondrá a prueba a todos los proyectos. Para el nacionalismo, permitirá comprobar si una eventual confluencia tiene respaldo electoral y qué representación obtiene. Para la ciudadanía, abrirá una nueva oportunidad de exigir que las promesas se traduzcan en actuaciones.
Canarias puede mirar al horizonte sin perder de vista lo que ocurre en sus barrios. Porque el valor de su representación política se mide también ahí: en la distancia que logra reducir entre lo que se promete durante una campaña y lo que cambia después en la vida de la gente.


